Si por un día nos asombráramos

Escrito por Luis David Tobón López. Publicado en Artículos

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Publicado el mayo 30, 2014 con No hay comentarios

Por: Luis David Tobón López. Nos olvidamos de ser niños en la vida adulta, así de simple. La capacidad de asombro suele desdibujarse y quedar en un recuerdo congelado, frío y distante. Pero cuando salen de nuevo los colores y las formas perdidas, llega el alivio, la esperanza y por supuesto las rutas para continuar con nuestras pasiones.

Durante el taller creativo con 50 estudiantes de La Universidad de Antioquia

Durante el taller creativo con 50 estudiantes de La Universidad de Antioquia

Esta semana tuvimos con mi entera naranja, como llamo a mi pareja; un taller sensible para volver a esos años olvidados y potenciar todas aquellas capacidades olvidadas. Desde la alegría de sentir y de compartir con otros, más de 50 jóvenes de La Universidad de Antioquia probaron, experimentaron, pintaron y descubrieron los secretos guardados que se vieron reflejados en los mundos posibles de la mano izquierda y del hemisferio derecho de nuestro cerebro, ese pequeño gran genio tantas veces olvidado.

Al leer los escritos de los participantes, sus conexiones y hallazgos con el mundo de lo posible, sabemos que somos tan iguales y tan distintos. Personas dibujando con el alma, descubriendo las formas inexploradas de su mano olvidada, conectado con el otro, nos permite vernos de nuevo en el campo de lo humano, de las emociones tan necesarias para empatizar y soñar con que se puede.

Las experiencias que pasan por el cuerpo, las nuevas conexiones neurológicas que ocurren, y las asociaciones que nos permiten reír o llorar, están ahí, conviviendo con nosotros. A veces guardadas, a veces a flor de piel.

Las organizaciones sí que necesitan potenciar este lado sensible, propio de todo ser humano. ¿Cómo sería un solo día en el que todos nos asombráramos con lo que pasa en nuestro lugar de trabajo? Tendríamos centenares de ideas para mejorar y para cambiar.

Como lo expresaron los estudiantes de La Universidad de Antioquia participantes del taller; supieron ver a su compañero de clase de otra manera, más allá de nucas y de silencios obligados habituales; hubo conversación y conexión sincera. Sentir, sacar al niño explorador, es una de las maneras de hacer organizaciones más humanas.

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